Luciérnagas: una noche de luz que te enamora de la vida.
Cada día te conozco más y mi enamoramiento es mayor, en mi interior se ha generado un movimiento indescriptible que motiva mi curiosidad creativa para que TU seas parte de mi historia, y yo forme parte de la tuya. Me pregunto a menudo por el misterio que encierra tú belleza y me quedo suspendido en el tiempo y el espacio sin encontrar una respuesta definitiva a la pregunta: ¿Qué parte de ti mantiene cautivo mi enamoramiento? Poco a poco recorro una parte de ti, y mis sentidos reciben un torrente de estímulos que nada ni nadie ha sido capaz de generar.
En el centro de tu corazón y en un amanecer privilegiado tengo la oportunidad, de contemplar al imponente guardián con un semblante alegre y vigoroso, teñido por las caricias del dios sol. Un rubor inconfundible que transmite energía, paz, deseos de seguir viviendo e ímpetus de trabajo. Ante tu presencia grito y me libero, guardo silencio y agradezco al creador por contemplar tu rostro. Apenas te conozco y me enamoro de ti, aun no se tu nombre y deseo pronunciarlo, me pregunto ¿ cómo te llamas? Guardas un misterio que despierta mi curiosidad por conocerte cada día más y más. Pregunto ante los que te conocen que me compartan tu nombre y a cuenta gotas aumentando mi ansiedad, me arrojan los primeros sonidos mágicos que me hacen intuir que formarán tu nombre y pronto tendré la dicha de pronunciarlo.
nombre original ‘Tayoyo’ que proviene de los vocablos náhuatl “Taol” que significa maíz y “Yotl” que significa corazón, o sea ‘corazón de maíz’ es por eso que hoy se conoce como “Bocado del Corazón”. Este platillo era realizado por los aztecas para obtener las proteínas del gorgojo que contenía el frijol, el cual era agregado a la tortilla, convirtiendo a los tlayoyos en un exquisito manjar prehispánico que aún podemos degustar.